Inmigrantes venezolanos luchan por quedarse en España

Más de 18.000 ciudadanos españoles han solicitado la baja consular en Caracas entre 2008 y 2012

Bajo la sombra de la estatua de Carlos III, un hombrecillo escondido bajo el ala ancha de un sombrero mexicano abraza un guitarrón y acaricia sus cuerdas. Junto a cuatro paisanos entona las canciones que escuchaba en las fiestas familiares de Santa Cruz de Mora, estado Mérida. Las monedas que le lanzan los turistas que visitan la Puerta del Sol, dentro del estuche del cordófono, hacen que César Granadillo pueda mantener a sus tres hijos.

Pescadero en el mercado municipal de Los Mostenses, repartidor de regalos, operador de call center, camarero, ayudante de cocina, profesor de natación y barman son algunos de los oficios que ha tenido que desempeñar el merideño de 35 años para sobrevivir en la capital de España. "Me metieron preso con mi hija porque me pidieron los papeles dentro del metro y estaba ilegal. Tuve que irme a Venezuela porque ya estaba fichado, pero volví un año después", recuerda.

Granadillo decidió salir de Venezuela tras sufrir los embates de la llamada revolución. Un terreno que estaba recuperando, luego de la vaguada que azotó los campos de café del Valle del Mocotíes en 2005, fue invadido por un grupo de chavistas. El ahora mariachi, vendió una camioneta, tomó a su esposa y sus dos hijos y con siete mil dólares en el bolsillo decidió emprender su aventura al reino.

Tras una pausa de un año en Suramérica, el andino regresó a Madrid con su familia y continúa luchando para legalizar su estado.

César es uno de los 521 mil venezolanos que ha cruzado las fronteras entre 2005 y 2010. De acuerdo con cifras de Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), la comunidad venezolana creció de 148 mil a 164 mil en España en el mismo periodo. Sin embargo, gran parte de los nacionales que salta el charco desaparece de las estadísticas mediante la recuperación de alguna nacionalidad de la Unión Europea (UE).

Es el caso de Luis Alfredo Gallardo, un ingeniero en telecomunicaciones que vivió en carne propia la nacionalización de Cantv. "El impacto político no fue inmediato porque ocupaba un cargo de gestión. Ya la cosa fue cambiando cuando me pidieron que diera un día de mi sueldo para el PSUV. Recuerdo que mi jefa inmediata tuvo que cancelar mi cuota al negarme a pagar, porque si no su cabeza habría rodado", asegura.

El profesional de 28 años se llevó una grata sorpresa al enfrentarse al campo laboral español, donde se desempeñó como técnico en Telefónica. Los prejuicios de la competencia sucia y el sectarismo que trajo Luis desde Venezuela se derrumbaron a su llegada a la empresa multinacional, a finales de 2011. "En Cantv ganaba bien, tenía la seguridad del trabajo, pero ¿de qué te sirve si no te da para vivir, para comprarte una casa o poder hacer la compra? Vine por el futuro, no me veía capaz de conformar una familia en Venezuela", explica.

A los seis meses de su llegada, Gallardo regresó a sus padres españoles a la tierra donde nacieron.

De acuerdo con cifras del ministerio de Empleo y Seguridad Social, 18.280 españoles residentes en Venezuela se han dado de baja en el consulado de Caracas entre 2008 y 2012.

Fuga en terapia intensiva

La primera médico cirujano de la promoción 2012 de la escuela Luis Razetti, de la Universidad Central de Venezuela (UCV), fue abofeteada por la realidad del barrio cuando hizo sus prácticas profesionales en el ambulatorio Carlos Soublette de Caraballeda.

A pesar de las amenazas de malandros que con pistola en mano la presionaban para que salvase a un compinche mal herido, o la falta de insumos médicos, lo que hizo que la doctora Carmen tomase la decisión de irse de Venezuela fue el trato diario con los pacientes. "Uno se daba cuenta que muchos se acostumbran a hacer cola para comprar comida. El conformismo pareciera haber quedado tatuado en la conciencia del venezolano", asegura.

De acuerdo con las estimaciones de la chica de 26 años que pidió que se cambiase su nombre, un 70% de los 244 colegas que se graduaron con ella en 2012 decidió emigrar. "Los que se quedaron me cuentan que les roban al salir de las guardias, trabajan casi con las uñas y que laboran desde las cinco de la mañana hasta las 11 de la noche por falta de personal", indica.

Según datos de la Federación Médica Venezolana, en los últimos cinco años más de 12.000 galenos se han marchado a otros países en busca de mejores oportunidades profesionales y salariales. A pesar de las dificultades, Carmen siempre luchó por quedarse en Venezuela. Ahora solo piensa en destacar en su posgrado de radiodiagnóstico para no regresar a tierras caribeñas.

 

Fuente: eluniversal.com

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