Javier Rodríguez Centeno: El arte siempre será esencial

“Porque todo se trata de un viaje”, Jorge Díaz de “4 Ruedas y un Morral” nos deja disfrutar del flautista venezolano Javier Rodríguez Centeno, de 27 años, quien vive en Francia desde hace 8 años

Maturín me sorprendió cuando la conocí.Es una ciudad con una energía espectacular. Avenidas anchas, llenas de historias como la de Juana Ramírez, mejor conocida como “La avanzadora”, de quien se cuenta que su valentía y carácter la llevó en plena guerra a mostrar sus senos sorprendiendo a los españoles y ganando la batalla el 25 de mayo de 1813.

Conocer la hacienda Sarrapial, ícono de Maturín, erigida en 1823, donde nos dice la historia que se alojó El Libertador Simón Bolívar. Comer sus cachapas, inmensas y generosas. Conocer a su gente, gente llena de cultura y sensibilidad es maravilloso.

En Maturín, nació Javier Rodríguez Centeno, hace 27 años, quien con una carrera apoyada en su talento y en unos padres sensibles y de familia numerosa, músicos de fiestas familiares y parrandas, y de una abuela Alicia que lo hacía memorizar poemas imposibles: El palabreo de la Loca Luz Caraballo y La leyenda del horcón, sin saber leer, ya es toda una hazaña.

La conversación con Javier Rodríguez Centeno, la disfruté mucho, porque nos habla de una Venezuela donde la familia es el pilar y vida de lo mejor. Paz, amor, comprensión, tolerancia y estímulo al conocimiento.
Los logros de un venezolano en Francia, no son poca cosa. Él reconoce a maestros en sus primeros pasos en Maturín, artistas nacionales, orquestas y al logro inmenso del maestro José Antonio Abreu, fundador del Sistema Nacional de Orquestas, siendo aprovechado por tantos jóvenes músicos.

Disfruten de la entrevista y del talento inmenso de un músico, que no sabe lo que
es matar un tigre, pero sí de ganar concursos y maestrías con una flauta.

Sabe de la serenidad. Sabe de dónde viene la música y del gran currículum que está lleno de estudios y esfuerzos.

A sus familiares, les deseo, que sigan parrandeando y enseñando a hijos, sobrinos y nietos el valor del logro en familia. Ustedes son la Venezuela que todos queremos, donde la educación es el verdadero color de la transformación y una abuela llamada Alicia, que le enseñó lo mejor: Memorizar el amor.

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