Las toninas de Isabel, mi madre

Yo no conocí a mi madre. Josefa González,  es su nombre venezolana me pario, me encanta esta palabra, y a los seis meses de haber nacido me entrego a mi padre Antonio Díaz, canario, quien me crío dando tumbos entre mi tía Carmen  y mi tío, no crean que su nombre es de un dios griego, Gorgonio. Y así llegue a quien es mi madre de crianza y a quién  más le debo en la vida, Isabel Mast, guayanesa, del estado Bolívar y de un pequeño pueblo llamado Borbón.

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Los ubico, el estado Bolívar, se encuentra en la región suroriental del país, en la Guayana venezolana y rinde homenaje al Libertador Simón Bolívar. Y es el estado mas grande de nuestra geografía que equivale a la cuarta parte mas grande del territorio nacional.

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Borbón, en noviembre de 1772 El Rey de España, llamado Carlos Tercero, que aburrido esto de los reyes, confirma por cedula real despachada en Aranjuez, la fundación de las Villas de Borbón y la Carolina, al oeste de Angostura, a la margen derecha del Orinoco equidistante entre las desembocadura de los ríos Aro y Tapaquire. Y por supuesto al pueblo de mi madre le pusieron Borbón por algún jalador de bolas de la época del Rey. Perdonen la expresión. Prosigamos con Isabel.

Decía mas arriba que Isabel mi madre de crianza, es la  persona que más le debo en la vida dijo esto sin desmerecer a mi padre, con el cual hice mis primeros viajes al Ávila, sin el guaraira…y a Barquisimeto en el estado Carabobo  y  a España. Mi papá es un personaje que en algún momento les hablare de el y para que no se me ponga celoso les afirmo que lo amo mucho. Aclarado esto les sigo contando de quien motiva estas líneas Isabel Mast.

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Ella con su amor, sus lecturas que hacia entre costuras y tortas me iba llenando de historias maravillosas, como cuando ella al pie de un río decía, río que pasaba cerca del campo donde ella nació, vio correteando con su hermano mas querido, Rafael,  unos pingüinos.  Y me aclaraba antes de que yo llegara a entender que los pingüinos no se dan en los campos de Ciudad Bolívar, que ella cuando era niña los vio y afirmaba que si un niño decía que había visto pingüinos ¡ Pues no se discutía! Ella había visto pingüinos y eso era lo relevante de su historia, a un niño no se le discutía lo que el creía que había visto.  Afirmaba de tal manera, que no había rendija para refutarla. En otras oportunidades me hablaba del alto Perú, en el callao donde están las minas de oro, o estaban, en estos tiempos tan confusos nadie sabe donde esta el oro.

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Y me hacia leer a  Los tres Mosqueteros de Alejandro Dumas y me  preguntaba los capítulos, como si fueran exámenes de algebra o de historia. Toda ella se transformaba en una profesora en examen oral, me imponía que le contara los capítulos, con emoción, como si yo fuera un cuenta cuentos de esos que visitan pueblos con sus historias. Y cuidado si me equivocaba con la acción del relato de algunos de los mosqueteros, con el maquiavélico Cardenal de Richelieu quien sostuvo en el poder al Rey Luis XIII y de ahí parte la historia del gran Dumas que sirve de fondo en la historia de los Tres Mosqueteros, después lo sucede el también Cardenal Mazarino. Para mi madre, Mazarino, lo resumía como, el culpable del nacimiento de todas las distorsiones políticas hasta nuestros tiempos. Y de Richelieu, el gran Cardenal lo catalogaba como el hombre de la astucia y el poder manejado con mano dura y abecés con cierta justicia, pero no era, un blandengue, afirmaba mi madre, y sin duda  lo mejor de la trama de los mosqueteros es donde esta Richelieu.

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¡Uno para Todos y Todos para uno! ¿ que tal ? No Hay duda aquí fue donde nació el primer eslogan publicitario. ¡Uno para todos y todos para uno! Disculpen ¿ pero no les parece que esta premisa es la que le hace falta al país?

 

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Viajar con mi madre fue conocer de primera mano Ciudad Bolívar y sus campos, su historia y mis primeras navegaciociones por el inmenso Orinoco. Cuanto disfrute de esos viajes, a pesar del calor pegajoso que se apoderaba de mi pequeño cuerpo, tenia cuatro años cuando ella llego para mi fortuna, a mi vida.  Con ella viajar era montarse en autobús y llevar una toalla grande para el frio y un frasquito de Vick Vaporub, no conozco ha ninguna familia como los Mast que tengan tanta fe a esa frasquito de mentol, lo usan hasta para el cáncer, lo llevaba por sí nos refriábamos… ¨ y no saque la mano que se la puede cortar un autobús que venga de la vía contraria ¨. Esto me aterraba. Pero cuando comíamos sapoara al pie del rio, en el paseo Orinoco, era lo máximo, cuando navegábamos para ver las escurridizas toninas, que si no aparecían eran mi culpa porque usted no sabe rezar, yo ya estudiaba en el Colegio San Pedro en los Chaguaramos… vamos a rezar juntos me decía: El padre nuestro que esta en los cielos hasta que salgan las toninas… Y el rezo tenia sus efectos aparecían las toninas y mi bella Isabel se reía y se ponía como una niñita llena de felicidad. Y ahí pasaba algo realmente maravilloso, contaba el día  en que ella con sus propios ojos vio como una india que estaba en una piragua a punto de parir se callo al río y unas toninas la salvaron ayudándolas a parir.

Notas de un Morral Jorge Diaz

Yo que ya empezaba a escuchar esta historia cada vez que íbamos, les juro que lloraba de emoción ante esta historia y jamás  cometí la imprudencia de preguntarle si esto ocurrió de verdad o era un cuento que ella se invento para que yo me aprendiera el padre nuestro, o quizás para enseñarme que lo que importa es nacer y que una madre no es aquella que amamanta, si no que también una madre es la que te acompaña a ver las toninas que salvaron y ayudaron a parir a una india en el rio Orinoco.

 Este cuento yo se le hecho a Rodrigo cuando en nuestros viajes, navegamos en un río, no importa si es el soberbio Orinoco, El Arauca o el Delta, siempre le cuento la historia que me enseño mi madre que llego a mi vida con muchos años encima, llena de fe en la vida, que nunca piso una iglesia pero que rezaba todos los días  a las 6 de la tarde  y fue tan puntual con las cosas de Dios, que murió a esa misma hora a los 107 años, que tenía por costumbre no tomar agua, si no dos dedos de chocolate, chocolate del amargo y que hasta el final de sus días, pedía siempre como regalo, un beso y que no me olvidara de traerle el Vick Vaourub y que le llevara a Rodrigo para saber si sabia rezar.

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Besos Isabel te amo mucho, que el Orinoco te acompañen hasta Dios y que las toninas que salvaron y ayudaron a parir a la india te acompañen ante el padre y le cuentes los mismos cuentos que me contastes a mi.

Notas de un Morral

Jorge Diaz  2014-07-12

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