Los tesoros secretos de San Fernando

Este artículo que les estoy publicando no es mío, es de Gabriel Urdaneta, y me llama la atención el resumen que me hace de un lugar tan hermoso como San Fernando. Como siempre queda de su parte ir a descubrir estos parajes venezolanos. Recuerden, se los trajo 4 Ruedas y un Morral, disfrútenlo:

 

San Fernando  no es sólo capital del estado de Apure, aparte ofrece la oportunidad de conocer grandes maravillas inesperadas. Vale la pena esperar gratas sorpresas de Apure, estado insignia de los llanos Venezolanos. San Fernando va un poco más allá.

Los llaneros de San Fernando y su arte del comer

En San Fernando la atención en posadas y hoteles se luce de la manera en que sólo los pueblos turísticos  logran. Pero sería una lástima restringir la visita de puertas del hotel para adentro. Una excelente opción para calentar los motores es La Guanota, famosa finca conocida por su pericia en el trabajo de la leche de búfala. Ahí encontrarán, junto a las variedades más conocidas, queso madurado que rivaliza sin complejos en textura y sabor con el italiano parmesano. Este es el lugar ideal para probar delicioso arequipe de búfala y suculentos dulces de leche.

Pero la vaca no es icónica sólo por su leche y su queso. A pesar de la competencia que estos últimos años le trajo su prima bovina, no podemos hablar del llano sin mencionarla. La carne de res ocupa un lugar especial de popularidad en el país, con muchos adeptos y especialistas amateurs. Si se busca carne de res el mejor destino es Biruaca.

Biruaca es un pueblo anexo a San Fernando, ambos se conectan por una autopista. Antes se trataba de pueblos distintos, pero la civilización suele acortar las distancias. En este caso acerca la mejor carne en vara que se puedan imaginar. San Fernando no está falto de excelentes restaurantes para carnívoros, en absoluto. Pero al unirse a Biruaca ofrece ahora una experiencia realmente fuera de serie.

Los restaurantes se cuentan por montones y una constante en todos, junto a la de su deliciosa carne fresca, es la música llanera. No será el tipo de música que se puede escuchar en vivo en Caracas u otra gran ciudad, a manera de lujoso entretenimiento para acomodados clientes: no. Si se quiere puede verse lo que ocurre en estos locales como el germen verdadero de la junta entre la música y la comida, al menos en lo que respecta a la música de los llanos venezolanos.

Saciado el apetito no es nada raro que alguno de los comensales habituales se ponga en pie y comience a cantar. Inmediatamente algún cuatrista empezará a tocar y siguiendo el ejemplo dado se unirá el resto de los músicos, siendo todos ellos segundos antes comunes clientes.

Cuando la música llanera arranca a correr sin freno de esta forma lo que un turista cree previsible se sale de la gráfica. En respuesta a un reto mudo contrincantes se levantan, dispuestos en contra del cantante primero se disputan el puesto. Con lisonjas y cizaña de impecable rima los cantantes se debaten en acalorados contrapunteos. El visitante queda sin aire y sin habla, siguiéndole la pista a tamaña pasión y talento espontáneos, ni comprensibles para la mente citadina ni salvajes del todo.

Turismo literario

Existe una novela cuyo título, con independencia del interés literario individual, es conocida por todos los Venezolanos: Doña Bárbara. Esta novela del célebre escritor Rómulo Gallegos (presidente por corto período de nuestra historia nacional) trata precisamente del llano y su potencia, de su poder abrumador y de la faena casi imposible que representa dominarlo a cabalidad. Un monumento muy peculiar dedicado a esta novela, en forma de joven llanera, se encuentra en las planicies de Apure.

Entre monte y culebras y sin nada cerca se encuentra Marisabel o Barbarita, como llaman a la estatua. Hay que salir de San Fernando vía el río de Macanilla, vía sur. Tras algunos minutos se topará el viajero con una intersección, debe tomar el lado izquierda. Llegará al río de Macanilla, este río debe ser cruzado, ya sea en chalana o en puente. Todo el trayecto se completa en una hora. Le llaman Barbarita, porque aunque al pie de la estatua diga Marisabel (hija de Doña Bárbara) la estatua se encuentra sola, como queda sola Bárbara y como siempre lo estuvo: sola en la inmensidad de un mar de naturaleza salvaje y avasallante verde.

Médanos perdidos

Pocos se conocen las zonas desérticas dentro del territorio nacional. Las referencias se limitan a Falcón la mayoría de las veces. A pesar del desconocimiento ahí están, como tantas otras maravillas de nuestra naturaleza. Los médanos en Apure son una de esas maravillas, tal vez un tanto más rara que otras al fundir en un paisaje escenarios antagonistas como lo pueden ser el desierto y el lago, la arena seca y el follaje intenso. Parece un mundo creado por un pintor enamorado de los extremos.

La rareza y significado del monumento a Barbarita se dilatan cuando nos enteramos de que, en suma a su atractivo propio, está el hecho de que sirve de marca a la entrada del peculiar desierto. Apenas diez minutos de caminata separan la estatua de los Médanos de La Soledad. Como al ver la estatua, se siente al recorrerlos cierta melancolía.

Nadie espera al llegar a San Fernando algo como esto. Una estatua y un desierto, ambos perdidos, como un intrusos desamparados en medio de un verde infinito y de la densa serenidad del llano.

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