Me gusta estar al lado del camino…adios Jorge Urdaneta. Jorge Diaz

 

Jorge Urdaneta me pregunta,  ¿Tú sabes?  Y yo contesto: Claro que sé. Sé que estudiaste  taquigrafía y que eso te ayudó cuando entraste al ejército, fue una llave maravillosa para destacarte, aparte de tus estudios.  Lograste ascender de grados hasta Coronel y estuviste en misiones en las fronteras de Venezuela y Colombia, además de una misión en Panamá.

Jorge de Militar

 No, Jorge – me dice – tú sabes lo que te estoy preguntando. .. Sé que tu mamá, Alejandrina Vivas,  cosía para levantar a la familia en una casa de Catia, y que tú la ayudabas a pegar botones, hacer los ruedos y sobretodo en no traerle problemas. También sé que te enamoraste de la mujer más bella que habías visto, Usumina Tovar Strucco, descendiente de italianos y que  la conquistaste con tu uniforme de cadete y ella, que tenía otro pretendiente, le preguntó a su mamá, Emilia Galloozzi Strucco, con cuál de los dos se quedaba y  ella le aconsejó que con el del uniforme.

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Te casaste con Usumina y no tuviste más ojos sino para ella

Sé que viviste en Santa Mónica, que luego te fuiste a San Cristóbal y que tuviste dos hijas, Geyka y Alejandra.  Alejandra por el papá de Usumina, Alejandro, y Geyka  por un personaje de una novela japonesa que leía Usumina, le gustó ese nombre y se lo puso,  y con eso bendijo a todos los que nos enamoramos de tu hija.  Y un día yo echándote vaina, que era lo que yo hacía contigo, me aseguraste que  tenías una pala y en el balcón de tu antiguo apartamento enterrabas a todos los enamorados de Geyka ; y  te reías, como te reíste conmigo cuando un día hice que te llamara una amiga para felicitarte por tu cumpleaños y Usumina se molestó porque quería saber quién era esa mujer y porqué te estaba llamando,  y tú, todo cortado,  contestaste el teléfono sin saber quién era, pero con educación, aunque te tuviste que aguantar el chaparrón de Usumina hasta que yo aclaré todo.

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Pero a pesar de todo,  te reíste conmigo, siempre lo hiciste Jorge Urdaneta ¡cómo  te eché vaina! Te acusé de amoríos con bellas morenas en Higuerote,  te acusé también de que cuando decías que estabas en misiones del ejército era que estabas divirtiéndote con alguna mujer,  y Usumina se ponía brava ya que recordaba las angustias que pasaba en esa época,  ella sola con sus hijas, mientras tú estabas en misiones ultra secretas. También recuerdo cómo en un almuerzo, en donde yo no conocía mucho a la familia del esposo  de la bella Alejandra, dije que yo había conocido un hijo tuyo en Barlovento que era igualito a ti pero moreno y todos se quedaron de una pieza, hasta que tú te reíste y dijiste que eso eran vainas mías.


Jorge Díaz no me evadas, que tú sabes lo que  me pasa a mí – me repite – … Claro que sé.  Sé, Jorge Urdaneta,  que un día ibas por la autopista  y decidiste entrar en la Universidad Católica Andrés Bello, te quitaste la chaqueta del uniforme de militar y  fuiste a preguntar cómo hacías  para entrar  a estudiar,  te dijeron los papeles que tenías que llevar y los llevaste.  Sé que estudiaste sin que tus compañeros supieran que eras un militar y te graduaste de administrador con excelentes notas.

También sé que tenías en tu biblioteca una cabeza de Bolívar que impresionaba tanto a Geyka que hizo una película , Cuidado con lo que sueñas,  inspirada por  esa cabeza.  Ella juraba cuando era niña que escuchaba que Bolívar le hablaba, como todos los venezolanos que hemos escuchado hablar de Bolívar desde nuestra infancia y hemos visto como lo han devaluado período tras período.  También sé, y no me interrumpas, que Geyka un día se llevó tu carro y  tú no la descubriste, pero que la vida, la vida, ¡qué vaina la vida!, te hizo que la castigaras unas vacaciones completas porque la rasparon en matemáticas. Sé que Geyka, en medio de un truco de magia, encerró a Alejandra en un baúl y después no hallaban como sacarla.

Además sé que no tan solo te graduaste de administrador,  sino que estudiaste  Economía.  Que podías ostentar varias carreras, la de cosedor de ojales, pegador de botones, recoge ruedos, taquígrafo, Coronel del ejército, administrador, economista y lector apasionado de temas de la espiritualidad. Que fuiste mal comerciante, pero excelente padre y mejor esposo, un abuelo cariñoso de sus nietas y, lo mejor de todo,  que después de tantos años sigues enamorado de Usumina.

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¡Carajo Jorge que tú sabes lo que me pasa! – me insiste- … No sé qué te pasa, pero sí sé que te inventé un cuento para poderte estimular y hacer que te levantaras de la cama.  Joao, el portugués que conoció Usumina en tu viaje a Portugal, se enamoró de ella, se vino a  Venezuela y está en la sala de Alejandra.  Y  tú estás en esta cama sin querer  levantarte, pero yo, siendo tú, me levantara y enfrentara a Joao para que se acabe la vaina…

Pero es que me duele Jorge – se queja – …  y más te va a doler si no te paras de la cama y bajamos a la sala. Eso sí, me tienes que ayudar,  yo te voy a cargar y tú tienes que aguantar, porque éste es mi regalo, porque yo también cosí ruedos y pegué botones para ayudar a mi medre, la única que tuve, Isabel. 

Este es mi adiós, estas son las gracias que nunca te di por recibirme a mí y a Rodrigo en tu casa,  la tarde de un Domingo, donde  con amor  le enseñaste  a jugar un juego maravilloso a mi hijo  en el que  tenía que construir un pueblo, sembrar, defenderlo, cuidarlo y sobretodo multiplicarlo. Esa tarde de domingo yo te amé  y  nunca te lo dije. Las veces que hemos peleado Geyka y yo siempre recuerdo tu amor y tu respeto hacia a mí,  y el amor con que recibías a mi hijo. Te tienes que levantar ya, voy a sentir tus huesos y  ellos se quedarán prendados a mí como un tesoro maravilloso. 

No sé despedirme, no sé poner un punto y final. No sé cómo decirte el amor que siento por tu bella hija,  no sabes cuánto amo a Ursumina,  y  no sabré como alegrarlas cuando llegue tu ausencia. Te estás yendo de a poquito y no sé hablar con Dios, se me olvidó rezar, y ya no tengo más cuentos que inventarte… y la pala que compré para enterrarme no la quiero usar contigo. Aguanta un poco más, faltan 5 escalones y llegamos. Te dejo en la sala y me voy, ese es mi adiós. Después estarás en el Hospital, pero  yo no estaré, porque sé que es tu final…

Gracias Jorge Urdaneta, gracias por  reírte con mis cuentos, por decirme  que conservara siempre  mí alegría. Gracias por dejarme conocerte. Ahora te creman y yo estoy  al lado del camino escuchando a Fito Páez…  Me gusta estar al lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa. Me gusta abrir los ojos y estar vivo, haber sobrevivido millones de resacas… si ves que estoy pensando en otra cosa, no es nada malo es que pasó una brisa, la brisa de la muerte enamorada,  que ronda como un ángel asesino.

Adiós Jorge Urdaneta. Que te consigas con tu madre y la ayudes con los ruedos.

24 de Noviembre 2014

Notas de un Morral, Jorge Díaz.

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