Viajar en moto enduro, es un acto de fe.

Viajar siempre es un gran placer.  En esta oportunidad mi amigo Roberto Dos Santos, amante de las motos enduro, me propuso recorrer  desde San Pedro, Pozo de Rosas, pasando por parte del Jarillo hasta llegar a La Colonia Tovar.

Roberto Dos Santos

Yo monto moto, a diario,  me encantan las motos (me gustan tanto que a mi hijo Rodrigo le regale  una y lo enseñe a manejarla desde los 5 años) pero hacia años que no manejaba una moto enduro, su manejo no difiere mucho de una moto tradicional, hasta que transitas carreteras de piedras con muchas lomas y arena. Ahí es cuando todo cambia y entiendes que el traje de Robo Cop que te pones junto con las pesadas botas, casco, lentes y guantes adquieren su verdadero sentido.

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Te ahogas con el peto protector, es difícil manejar la palanca de cambio con las pesadas y protectoras botas, porque te hacen perder el sentido del tacto en tu pie y te esfuerzas más. Tienes que manejar casi todo el tiempo de pie, es más fácil ya que no te golpeas y por último no debes mirar el camino a corta distancia, ya que si te ves a corta distancia, te vas a confundir y seguramente te caerás. Yo me caí muchas veces.

Este tipo de moto es muy rápida y tiene mucha potencia, sus velocidades son más cortas y esto te ayuda a esquivar y responder más rápido ante las miles de adversidades que te vas encontrar, caminos vírgenes que no tienen una trocha, bajadas que te las ponen en el cuello, subidas que te hacen preguntarte ¿Jorge en que estabas pensando cuando decidiste venir con estos locos? – mis panas, Roberto Mozo, que me presto una de sus motos, Roberto Dos Santos, el que propuso este viaje, Yonathan Correia y nuestro guía Néstor Pérez – . Pero a pesar de mi falta de costumbre pude disfrutar por caminos empinados, con vistas de valles, montañas y sobre todo del bello cielo y paisajes casi desérticos, donde tu vista se pierde a lo lejos y logras, en mi caso, sentir a Dios. Es una maravilla.

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Porque de eso se trata, por lo menos para mi. viajar. Cuando viajo hay una conexión fabulosa con mi espíritu, con el planeta y la Pacha Mama. La naturaleza me hace sentir la presencia de Dios, del Universo, de nuestra noble y bella Venezuela. Y  entonces ya nada me importa, en este caso mis caídas en la moto. Todo valió la pena, el compañerismo,  la solidaridad, las anécdotas y  conocer al otro de una manera diferente, donde sus historias y lo que aman se mezcla con mucho sentimiento y sobretodo con mucha fe de que todo va a salir bien. Nadie sabe si el que te acompaña, es de un partido o de una religión diferente a la tuya. Todos comparten el agua, la chuchería, el ayudar a prenderle la moto al compañero, en reírse de sí mismo y de todos, nadie es mejor que nadie y todos a la vez tenemos habilidades que nos diferencian, pero no para alejarnos sino para unirnos. 

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 Esa fe de que todo va a salir bien, donde no entra una señal para los celulares, donde no tienes mayor reserva de agua, donde estás totalmente solo y en caso de algún accidente solo cuentas con tus amigos. Pensar que  todo está a tu favor, que tu actitud es la correcta, que tu fe y la fe de todos está puesta para hacer de este viaje lo mejor y que la suerte está de tu lado para no hacerte mayor daño, que todos vamos a llegar a nuestra modesta meta. Reafirmas tu compromiso con la vida y lo importante de confiar en uno mismo y en cada uno de los que te acompañan; y sobretodo en alguien que creo este planeta tierra para que lo disfrutes y lo compartas con otros. Llámalo universo, la Magna Presencia, Chiva Gris o Mahoma, o simplemente Dios. Todo este inmenso planeta está hecho para recorrerlo y llenarnos de su  sabiduría.

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Ahí frente a esa montañas de los valles de Aragua se asoma, a lo lejos, un piquito del campanario de la Iglesia de la Hacienda Santa Teresa y a su lado la montaña que nos avisa que a menos de una hora está nuestra meta, la Colonia Tovar.Luego llegas a la Colonia Tovar, la civilización, un pueblo limpio y alegre que te recibe con la sonrisa llena de duraznos, fresas, melocotones y de su ajetreo de día de fiesta.

Gracias Roberto Dos santos, tu, hijo de portugueses me llevaste a un viaje sencillo por las bellas montañas de Miranda y Aragua, donde mi fe y la de todos se puso a prueba, reafirmando que viajar también es un acto de fe.

 

Jorge Díaz.

Notas de un Morral.

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