Porque todo se trata de un viaje, Jorge Diaz: Nacho Dean, que recorrió el mundo a pie.

Porque todo se trata de un viaje. Hoy le presento a Nacho Dean, que recorrió el mundo a pie y su viaje nos reafirma que no hay imposibles en esta vida para quienes se proponen explorar  y cumplir sus sueños.

Cumplió un sueño: 33.000 kilómetros andando, 31 países, 4 continentes. Tres años que vivió acompañado de ‘Jimmy Águila Libre’, el carrito en el que transportaba sus enseres. Ha sufrido atracos, ha sido testigo de un atentado, sobrevivió a la fiebre chikungunya. Ahora escribe un libro para contarlo.
CUENTA NACHO Dean que no hay nada más bello en este mundo que una noche estrellada en el desierto de Atacama. Lo dice después de atravesar cuatro continentes, tras tres años dedicados a sentir el planeta bajo sus pies. Es en esa árida tierra chilena enclavada entre el océano Pacífico y la cordillera de los Andes donde quedó absorto mirando al cielo, embrujado ante lo maravillosa que puede llegar a ser la naturaleza, esa naturaleza que le estaba llamando, la que le invitó a emprender el viaje de su vida.

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El cielo pesa cuando cae la noche en Atacama. Es tal la cantidad de estrellas que se ven, tal la densidad de la Vía Láctea, que a uno le cuesta creer que lo que está viendo es posible. “Cuando miras ese cielo piensas que no estamos solos en este mundo”.

Desprenderse de todo. Quedarse con lo que cabe en una mochila. Lanzarse a recorrer el mundo. Un sueño. Cumplido.

Hace ya tres meses que regresó. Ha aprovechado el mes de julio para encerrarse en un hórreo rehabilitado de Cuitu de Siero, un pequeño pueblo de Asturias, para escribir el libro que narrará su periplo por el mundo. Lo publicará en 2017 con la editorial Planeta.
Emprendió su ambiciosa aventura, en la que se ha pulido doce pares de zapatillas y ha perdido ocho kilos de peso, para cumplir un sueño. Un sueño de naturaleza, de vida, de experiencias. Le gusta viajar, le gusta escribir, le gustan los deportes de riesgo, la fotografía. Una de las últimas imágenes que colgó en earthwidewalk.org, la web en la que ha ido narrando sus peripecias, fue la de la improvisada rueda de prensa que ofreció en el kilómetro cero de la madrileña Puerta del Sol el pasado 20 de marzo, el día de la llegada, de los abrazos, del “enhorabuena Nacho”, del “la que has liado”, del “no lo has pasado muy mal con lo guapo que vienes” que le espetaban entre vítores los transeúntes que acudían a recibirle. El caminante malagueño respondió en cuclillas a las preguntas de los periodistas, en el suelo. Como si no quisiera perder el pulso del planeta.
Su viaje contiene un mensaje; una llamada de atención ante la degradación del medioambiente que está generando nuestro modo de vida. Por eso bautizó su aventura como Earthwidewalk, marcha mundial por la naturaleza y el planeta Tierra.
“Necesitaba ir sin prisas, con otro tiempo, conectar con la naturaleza, sentir la libertad de dormir donde toque, donde sea”. A sus 35 años, Nacho Dean sabe que su impulso fue una pequeña locura, “una pedrada”, como le gusta decir a él.
Un año y tres meses después de aquella pedrada en el Camino de Santiago, en el verano de 2012, tomó la decisión. “Se abrió una semilla en mi cabeza que fue creciendo”. Una vez decidido, el periodo de gestación del viaje fue de lo más natural, nueves meses de preparativos.
¿Qué llevarse para semejante viaje? Lo que cupiese dentro de Jimmy, que recibió bautizo en la soledad de la travesía del desierto de Australia, un carro de 12 kilos de peso para bebés en el que llevaba una carga de 25 kilos: tienda de campaña, saco de dormir de invierno, esterilla hinchable, tres calzoncillos, tres pares de calcetines, tres pantalones, navaja multiusos, antídoto para las mordeduras de serpientes, kit de camping gas… Y una armónica. Además, por supuesto, los instrumentos que le permitirían contar su viaje: el ordenador portátil y la cámara de fotos.
A la hora de apostar por un teléfono móvil, no quiso uno inteligente, la batería aguanta poco, es una golosina que te pueden querer robar. El 21 de marzo de 2013 salió con una blackberry en el bolsillo. El 20 de marzo de 2016 regresaba a la Puerta del Sol de Madrid con un teléfono peruano marca Azumi que le costó 10 euros. Fue el que se compró después del atraco en Perú, uno de los episodios más duros del viaje.
Solo, sin coches de asistencia, sin seguro médico internacional, sin GPS. Sin red. Nacho Dean ha dado la vuelta al mundo, lo que se dice, a pelo. Le mordieron tres perros. Suerte que solo enfermó gravemente en Chiapas, donde contrajo la fiebre chicungunya, que le dejó postrado seis días en Oaxaca con 41 grados de fiebre.

El asalto en la calles del Callao, en Perú, fue un primer aviso. El segundo llegó en El Salvador. Se cruzó en su camino un grupo de chicos pertenecientes a las temibles maras –probablemente, los Salvatrucha, dice-, machete en mano en una carretera perdida en la zona de Zacatecoluca.

-“Hijo puta, para allí y dame todo lo que lleves”, le dijo uno de ellos

-“No te voy a dar nada”, les respondió, echándose a un lado.

La jugada le salió bien, consiguió zafarse. Llamó a la embajada española en El Salvador y durante dos días, caminó escoltado por la policía.
En su paseo por el planeta se encontró con cuatro grandes caminantes -un rumano, un francés, un japones y un inglés-, pero ninguno de ellos daba la vuelta al mundo, cada uno había elegido patearse un continente. Cuenta que no existe un registro exhaustivo de personas que han dado la vuelta al mundo, pero se sabe de más de media docena de personas que han hecho algo similar –entre ellos, el canadiense Jean Béliveau, que caminó durante once años -.
Para entrar en el libro de los récords Guiness, explica, hay que haber tocado dos puntos de las antípodas, cosa que él no ha hecho, y que tampoco le preocupa. El suyo ha sido un viaje concebido como un reto personal y como una forma de llamar la atención sobre la necesidad de cuidar el planeta, no como una marca a batir. “El calentamiento global es absolutamente cierto. Recorriendo el mundo a pie he podido ver cómo son los ecosisitemas de cada país. En Malasia no llueve en la época de los monzones, en Nepal la gente vive en vertederos, la selva peruana está vendida al capital extranjero. Estamos destrozando el planeta. Hay que cuidar la casa en la que vivimos”.

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Experiencias sensoriales, tampoco le faltaron. Uno de los momentos intensos fue el día en que, en Lima, junto a una amiga y dos chamanes, probó la ayahuasca, bebida alucinógena con sabor a tierra con la que uno, se supone, realiza un viaje al interior de sí mismo que puede resultar tan revelador como peligroso. A Nacho Dean no le causó ninguno de estos efectos: “Yo ya llevaba dos años dando la vuelta al mundo, ya había ordenado todas las piezas en mi cabeza”.
Su viaje no nació de la necesidad de superar ningún trauma, explica. Nació de su disconformidad con el modo en que funciona el mundo, con las trampas del sistema capitalista, con la codicia que arrasa montañas. Él decidió canalizar esa energía en un viaje que le permitiese difundir un mensaje, el de la necesidad de cuidar el planeta.
El mejor ejemplo de que todo se trata de un viaje, es nuestro personaje de hoy Nacho Dean el hombre que dio la vuelta al mundo a pie.
Hasta la proxima. Jorge Diaz

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